En busca de la tierra prometida, parte 2.

Lee la primera parte aquí.

—¿Cómo ha pasado esto?

—Nuestros antepasados no hicieron la estación espacial pensando en la gran natalidad que tenemos.

—Me sigo negando a decirle a mi gente que solo pueden tener un hijo… o ninguno.

Si hubiera podido, Kar habría pasado por arriba de la mesa y estrangulado a Zel.

—La única solución que hay es empezar a hacer lo que no quieres o morir.

La esperanza de vida en la estación no era muy alta, por lo que incluso ella era más joven de lo que fueron los antiguos presidentes. En su joven mente, llena de sueños con la Tierra, tenía un plan que a ninguno le gustaría.

—¿Cuáles son nuestras opciones? —Miró a Ten, el encargado de los ingenieros.

—Nos estamos quedando sin oxígeno, general. Esto ocurre por la sobrepoblación…

—Hay que empezar a elegir quién vive y a quién tiramos al espacio —lo interrumpió Zel.

Ten, Kurtis y Nan lo miraron como si estuviese loco. Kar lo miró con todo el odio que pudo recolectar.

—Ah, me vais a decir que no pensasteis lo mismo.

—No —contestaron todos en segundos distintos.

— ¿Qué te hace pensar que voy a dejar que mates a alguien?

—En la Tierra sobrevivía el más fuerte. Aquí tendríamos que hacer lo mismo.

—Pero no estamos en la Tierra. Estamos en el espacio; estamos en la estación espacial más grande de la historia de la humanidad, donde la tripulación y los civiles me votaron para ser su líder. Y aquí se hace lo que yo digo.

Zel apretó los reposabrazos de su silla, intentando no lanzarse sobre la mesa y apretar el cuello de Kar hasta que esta pidiera clemencia. El odio que se tenían era un secreto a voces.

—Ten, ¿el oxígeno no tiene solución?

—No, mi general. Ya lo hemos intentado todo.

Zel se rio de Kar.

— ¿Cuál se supone que es tu plan maestro?

—Vamos a volver a la Tierra.

—¿Qué? —Esta vez fue a ella a la que todos miraron como si hubiese perdido la cordura, incluido Zel.

—No pienso racionar la comida. No pienso obligar a las mujeres a tener un solo hijo, si llegan a tener otro… ¿qué?, ¿lo matamos? No. No pienso elegir un número de personas todas las semanas, ponerlas en hilera y tirarlas al espacio. No y no. No somos salvajes, somos humanos. ¿O a vosotros os gustaría que matara a vuestras familias? Ni a vosotros, ni a mí, ni a ninguno.

»O sobrevivimos todos o ninguno.

Kar había tomado su decisión, una que no pensaba someter a votación. Solo había una opción viable, y ellos podían seguirla o no. No le importaba, pero no se iba a ensuciar las manos de sangre inocente.

—¿Cuándo nos vamos? —preguntó Kurtis.

—¿Cuánto tiempo nos queda, Ten?

—Una semana…

—Ya saben cuándo.

Relato escrito por la autora uruguaya Romina Beltaine.

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