Relato: Incandescencia.

Estaba borracha. Muy borracha. Quizá demasiado.

Las luces de los semáforos eran simples burbujas revoloteando en los aires; la carretera, un horizonte sin fin.

Mi corazón latía al son de la música. Mi sonrisa era cómplice de la de mi mejor amigo. Me reí; él también. No supe por qué, todavía no sé por qué.

La ventana estaba abierta. El viento mezclaba mi cabello sobre los ojos. Mis manos no respondían. El volante se manejaba solo.

Entonces nos estrellamos. Me estrellé.

La música se detuvo. El viento no corría. La ventana estaba rota. Mi amigo no sonreía.

La sirena de la ambulancia. Las luces danzantes a lo lejos. La sangre seca en mi labio. Mi amigo no respiraba.

Caí tarde en la realidad. Todo era un eco, una danza de rostros contraídos, un cuadro pintado a sangre fresca.

El salado de las lágrimas reemplazó el metálico sabor de la sangre. El humo del motor atrapó el olor a alcohol. Las heridas se llevaron la sonrisa de Blake.

Mi rostro no se deformó como el de los demás. Una lluvia eterna.

La alfombra cristalina hería mis pies descalzos. No sabía dónde estaban mis zapatos. Quizá descansaban en la extensa carretera. Quizá nunca los había llevado puestos.

El policía hizo preguntas. La ambulancia se llevó a mi amigo. La policía me llevó a mí.

Yo no entendía. Todavía no entiendo.

La celda era fría. La luz ardiente. El constante sonido del teléfono. El aire tenso.

Yo no entendía. No recibía respuestas. No hacía preguntas.

Esperé. Las manecillas del reloj se volvieron un carrusel. La luz se apagó, se volvió a prender.

Lo natural se iba, lo artificial tentaba su entrada. Solía ver sus rostros contraídos. Pero no así.

Mi madre era una tumba. Mi padre un diluvio.

No entendía. Ahora lo entiendo. Pero todavía no sé qué decir.

Un remolino de hechos. Una inundación. Un poema de excusas. Pero de mi boca no salió una palabra.

Hacía más frío. La luz se opacó. Alguien subió el telón.

Conocía al público, ellos no. Conocían los diálogos. Yo no.

Poco tuvo de batalla. Un juicio, el primero de muchos. Un abogado principiante, un fiscal profesional. La acusada no habló. Nunca hablaba.

No sabía. Y todavía no sé.


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